Y como lo prometido es deuda:
Comentar que el concierto de Mark K. en la penumbra de una noche fría, húmeda y airada de un miércoles de febrero, estuvo a la altura de mis expectativas. La paz y el sosiego se hicieron con un hueco de intimidad en la noche desapacible.
Tuve la oportunidad de ver a Mark Kozelek allá por el 1998, por la época de “Songs for a Blue Guitar”; y desde entonces hasta lo que escuchamos en el concierto de anoche, ha tenido lugar una apabullante progresión cualitativa en la técnica de la guitarra española de el de San Francisco. Éste dominio y maestría le permitió a Kozelek interpretar las canciones de su último trabajo sin escatimar una nota. Las mejores canciones de éste disco sonaron con un seguimiento en su ejecución por mi parte casi místico. Y la cosa encajaba a la perfección: el barroquismo en arreglos y aires de un artesonado español, sosteniendo la cálida tristeza de la crónica de intimidad modulada en la voz de Mark Kozelek. No en vano se nota su dilatada experiencia creando siempre su canción-letanía perfecta.Lo que Kozelek hace con una facilidad sin aparente esfuerzo, es para mí lo más difícil: Cantar de forma limpia y sobria, a veces contenida, aunque entonando perfectamente, y a la vez tocar la guitarra, pero no como mero acompañamiento sino desplegando toda la riqueza de arreglos y matices que escuchamos en el disco. Como decía, me sigue sobrecogiendo la voz de Kozelec. Cuenta con un tono natural de partida privilegiado, vibrante y que llena el espacio; pero ahora canta mejor, más cuajado –en el buen sentido- y eso hace que en momentos especiales, te toque la fibra con hondura. Esplendida "Alesund".
La personalidad de Kozelek en su puesta en escena hace que te transmita en muchas ocasiones, un sentimiento mezcla de insatisfacción y de “buff.. tengo que estar aquí, y no tengo más remedio que resolver la papeleta aunque no me guste” o algo así, pero tengo que decir que en ésta ocasión lo vi mucho más maduro, aunque sólo sea por el cuidado y empeño que puso en la ejecución de las canciones: hubo una riqueza mayor, un cuido de detalles y conjunto, en definitiva una seguridad y asentamiento de su arte. Interpretó dos temas de sus inicios como fueron “Katy song” y “Mistress”, y lo hizo recreándolos en clave más íntima pero respetuosa con los originales. ¡Emocionante!Me sorprendió el ambiente sonoro que conseguía con unos arpegios de velocidad imposible, y que actuaban como capas superpuestas, sensación increíble de varias guitarras a la vez, o un instrumento con el doble de cuerdas –sonaban segundas y terceras líneas de armonía en diferentes planos-, que aumentaban y potenciaban el preciosismo, sirviendo de soporte perfecto, casi de ensoñación a su voz y todo con el único acompañamiento de una guitarra, para más señas española. Contaba después de un tema engarzado con arpegios endiablados, que sentía en los dedos como cosquillas, una especie de hormigueo, después de tal despliegue y que, para descansar del difícil ejercicio, dio pie a comentarios sobre el fumar?…,creo.
Kozelek se ha convertido en el alumno-americano-pop, aventajado y aplicado de Andrés Segovia y Narciso Yepes por establecer referencias obvias. No deja de sorprender y aún más en un concierto de “pop” –aunque no sabría como calificarlo ahora realmente-, la simbiosis que realiza éste hombre entre la tradición singular a su manera del estilo folk americano, muy matizado por la marca de la casa, y la incorporación de la riqueza de las sonoridades españolas clásicas tan evidentes. Aun así, los arreglos mas “sutiles”, fueron los que más me llegaron. La única salvedad que puedo hacer a tan buen concierto, es la sonorización de la guitarra española. Creo que fue un error conectarla por línea en lugar de haberle puesto un micrófono delante como en el flamenco. El cuerpo del sonido desde las notas graves, a las agudas de nylon perdía sonoridad y amplitud.
Por lo demás, una alegría para los tiempos que corren.
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